Las mejores formas de encarar los problemas no resueltos

Aprendamos a encarar con mucha más soltura nuestros problemas aún no resueltos.


Los más recomendables son:
  1. Enfrentamiento. Un problema no se resuelve negándolo, huyendo o apuntando con el dedo. La única manera posible y positiva es enfrentarlo. Solo cuando enfrentamos nuestros temores, conflictos y traumas salimos adelante.
  2. Atenerse a los hechos. Significa hacerse una historia exacta de los hechos. Con los años el pasado comienza a desfigurarse. Esto se debe a que los adultos tienen tendencia a inventar el pasado ya que tienen ideas en lugar de ojos, a diferencia de los niños, cuya memoria es más precisa. En muchas ocasiones la memoria traumática hace malas pasadas poniendo los hechos dramáticos más difíciles de lo que realmente fueron.
  3. Reelaborar el pasado. Esto significa aceptar lo que no podemos cambiar y aprender a vivir con lo que tenemos control. Hay personas que viven ancladas en situaciones que nunca más podrán modificar. Algunas personas no logran salir de una constante tensión emocional por no reelaborar el pasado, con toda su carga de dolor y frustración por acciones humanas incomprensibles. El pasado necesita ser interpretado a la luz del presente “para darle un sentido a los acontecimientos que han tenido lugar”. Para que pueda elaborar adecuadamente las situaciones pasadas, especialmente para que no dañen y no se invente un mito con un recuerdo exagerado o falso “todo acontecimiento correctamente percibido debe estar situado. Es al compararlo con las circunstancias anteriores que el acontecimiento adquiere sentido”. Al situarlo nos estaremos asegurando la objetividad del acontecimiento y dándole el lugar que corresponde en nuestra memoria emocional.
  4. Darnos tiempo para madurar emocionalmente. Es indudable que lo que nos afecta a determinada edad no tenga influencia en otra. “No somos sensibles a las mismas informaciones a todas las edades”. Parte de la maduración consiste en aprender a darle un nombre diferente a los miedos que tenemos y llenar nuestra mente de informaciones que nos permitan delimitar con claridad nuestros temores. “Saber es poder”, decía Francis Bacon. Cuando aprendemos también maduramos emocionalmente. Muchas tensiones podrían ser minimizadas solo conociéndolas.
  5. Construir vínculos. Los especialistas suelen hablar de “redes de apoyo” o de “apoyo social”. Las personas en mejores condiciones de enfrentar traumas y situaciones de estrés agudo son aquellas que cuenta con una mejor plataforma de relaciones afectivas con otras personas. En otras palabras, las personas que afectivamente están unidas a nosotros forman una red que nos protege frente a los embates de circunstancias estresantes y emocionalmente perturbadoras.
  6. Aceptar la emoción correlacionada con el recuerdo del pasado. A veces, una música, un olor, incluso un color nos puede llevar a un recuerdo traumático que teníamos guardado, porque la memoria tiende a ocultar aquellos pasajes, especialmente incidentes difíciles. Hay estudios que incluso señalan que hasta las palabras pueden incidir en nuestro estado de ánimo por la asociación con recuerdos pasados. Algunos intentan negar que esa emoción exista, pero es real. “Solo se memoriza aquello a lo cual hemos sido sensibles” y “un acontecimiento solo puede construir un recuerdo si está cargado de emoción”. Cuando algo no nos emociona nos es indiferente, por lo tanto no tiene importancia. Aceptar que algo nos entristece, o alegra, nos enoja o nos hace sentir débiles, es un camino para poder manejar las reacciones emocionales que tenemos frente a los acontecimientos que nos ocurren. El estrés será mayor para aquellos que intentan negar sus emociones, especialmente las asociadas a recuerdos difíciles de asimilar.


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