Mi mundo un dorama

Me había peleado con mi novia la noche anterior. Desperté por la mañana pensativo de que rumbo debería tomar y hacia donde podría enfocar mis esfuerzos para lograr mis objetivos. Tengo el mundo de cabeza otra vez. Pero ahi vamos. Respirando. De nuevo me pelié con ella al teléfono y esta vez por menuda tontería. Sin embargo, debe buscar resolver los conflictos de la mejor manera posible, solo así seremos importantes.


Así que decidí salir a caminar, me aburrió la decisión. Ordenador encendido pensé que podía escuchar música y me acordé de un dorama que vi cuando me encontraba en Lima. Busqué la letra y resulta que expresaba justamente lo que mi corazón sentía. Fui escuchando una y otra vez...

Hasta que mi mundo se convirtió en la musica de un dorama que poco a poco me fue relajando, interpretando lo que deseaba gritar en ese momento con voz al cuello, que al único que voy a pedir perdón es a Dios por no dejarme guiar por él, que la persona que quiere irse puertas abiertas hay que darle porque solita va volver, que las dificultades que uno pasa sirven  para ubicarnos en nuestro verdadero lugar, que el amor va tener muchas dificultades y el sexo será siempre gratis.

Que estar enamorado termina como la canción del dorama que ya llevo más de 50 veces escuchando, como que no hubiera más música que escuchar. Es un ruego desde el alma de un corazón enamorado. A quien le importa, las personas solo buscan su propio juicio. Das mucho, recibes poco y encima te exijen más.

Caminé por la calle y el dorama estaba sonando en mi celular. Iba despacio, lento, como no queriendo que pasara el tiempo. Dubitativo. No hacía sol, como que el cielo también se hubiera compadecido de mi tristeza y me dijera "estoy contigo". Pase la plaza, llegue hasta el boulevard y bajé.

Me ubiqué en los columpios y me senté en una de las banquetas esas que de niño me servían para impulsarme con los pies fuera de la tierra.

Los columpios que me acompañaban en mi niñez me relajaron mucho. Sinceramente, necesitaba estar con los pies fuera de la tierra y volar. Quiero volar, sí. Impulsado por mi peso jugaba en los columpios y más fuerte era mi impulso mientras sonaba el dorama en mi celular "tutu tututut turururu..." Que sensación diferente despegar los pies de la tierra, olvidarme por completo de todo y sentirme que soy libre, libre de todos estos problemas, libre de tener que soportar tanta gente.

Libre de tomar mis propias decisiones sin que nadie se meta, libre para correr a donde yo quiera, libre para no tener que agradar a nadie sino a mi mismo. Me sentí niño nuevamente. Desié no haber crecido. Si tan solo me hubiera quedado niño, con el uniforme escolar seguiría jugando en los columpios y corriendo como loco con toda esa felicidad libre de preocupaciones.

Me relajé mucho. Mi mundo un dorama se volvió, como aquellas novelas donde uno no tiene los pies sobre la tierra. Que lindo me sentí volver a vivir. Nuevas energías, nuevas ganas de hacer lo que me gusta hacer.

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